Terror… Miedo al terror.

Terror… Miedo al terror. Un cuento.

 

Corro. Los pies se me hacen de plomo, pesados. Y mis perseguidores son más rápidos.

Los veo cerca, entro en desesperación, mis piernas no responden. Veo la pistola y escucho los primeros disparos.
Sangro. Sudo frío. Grito.
Estoy en mi cama. Qué alivio: fue un sueño. Tengo esta pesadilla desde los 6 años de edad. Y a mis 24 sigue siendo igual.
¿Igual?
Ésta no es mi cama. Y este olor a hospital… Qué dolor tengo en el cuerpo.

Recuerdos – Héctor Juárez Lorencilla.

 

Terror al miedo The Birds Alfred Hitchcock
Terror al miedo The Birds Alfred Hitchcock

 

¿Qué es eso que causa terror y miedo?

Lo desconocido, lo feo, lo que no se comprende y lo que hemos aprendido de nuestros semejantes. El miedo se aprende también, independientemente de nuestros sentidos y de nuestros instintos.
Aprendimos a tenerle miedo desde niños al diablo, al coco, a la mano negra, a la mano peluda, a lo desconocido, porque nuestra familia nos infundió ese sentimiento-emoción, esa sensación de desprotegido, de abandono y temor.
“Pórtate bien, no hagas aquello o vas a recibir tu castigo”, “Diosito te va a castigar”

Más tarde nos enteramos de los fantasmas, los muertos, las brujas y vudús.

Luego nos enteramos de los extraterrestres y cosas de otros mundos; nuestra mente se prepara para el miedo. Estamos indefensos.
Cuando crecemos, nuestros miedos inmediatos son más terrenales: al regaño, a la burla, a la humillación, a ser descubiertos por alguna maldad, a ser castigados y recibir una tunda.
Finalmente, en plena juventud, tus miedos se trasladan a la vida cotidiana: a ser despedido, a reprobar una materia, a los perros con rabia y sin ella, a las arañas, a las ratas, a los sapos, a los alacranes, a los borrachos, a los hippies, a los emos, a los punks, a los darketos, a la novia, a los papás, a la esposa/so, a los diarios, a las fotos, a los chismes, y al peor de los miedos:

a la VERDAD.